Cuando llegamos a casa, nuestro primer impulso es revisar nuestro celular en búsqueda de algún mensaje de Whatsapp, un minuto después de que este se conectara al Wi-Fi, seguido de una breve revisión de acontecimientos en nuestro Facebook, para luego comentar “Ni sabes lo que ha pasado” o “Viste lo que ha dicho el presidente”, o entrar apresurado en busca de una computadora para conectarnos a Internet y revisar las últimas actualizaciones de nuestro portal de Netflix. A propósito de Netflix, pensamos en cada uno de los capítulos de nuestra serie favorita, mientras trabajamos o estamos rindiendo un examen, nuestro consumo cultural se ha limitado a esta plataforma de streaming.

Twitter, por el contrario, tiene un sistema de microblogging, el cual permite a los usuarios enterarse de hechos actuales, con un cierto grado de formalidad, y retuitear con nuestras opiniones, directamente al emisor.

Las plataformas de aprendizaje virtual o E-learning, se van incorporando de a poco a las escuelas primarias, pasando por los colegios hasta las universidades e institutos educativos, y es que nadie tiene, o mejor dicho debe, estar exento de este nuevo mecanismo pedagógico o andragógico, según sea el caso. Este sistema, permite tener todo el tiempo, nuestra educación “a la mano”.

La web 2.0 ha hecho que nuestros hábitos de consumo cambien considerablemente, pues existe un nuevo tipo de interacción y de entretenimiento, como también el acceso a la información, que gracias al internet, nos hemos convertido en generadores y consumidores.

El uso habitual del Internet, es el entretenimiento como plataformas de streaming o redes sociales. Pero cabe la pregunta ¿Por qué?

En la moderna sociedad actual o “modernidad líquida” como lo llama Zygmunt Bauman, la transitoriedad de las cosas, el desapego emocional y la rapidez en la información, han convertido a los individuos, y principalmente a los jóvenes (según la Organización Mundial de la Salud, entre 10 y 24 años), en una especie individualista, inconforme, consumista e incierta. La Internet, símbolo perfecto de la modernidad, ha sido un instrumento perforador de las relaciones humanas; sin embargo, ha permitido que se creen nuevos espacios para la interacción social, que a la vez es globalizada, eliminando, así, barreras tiempo-espacio, permitiendo que la moda, el cine, los espectáculos y las noticias más remotas, lleguen a nosotros en cuestión de segundos y puedan influenciarnos directamente.

Con el surgimiento de las Redes Sociales como Facebook, Instagram, YouTube y recientemente Snapchat, la socialización de la información, sea esta verdadera o falsa, es replicada instantáneamente; las celebridades mundiales, ahora son tus “amigos” y son parte fundamental en tu proceso de construcción como ser humano, y no solo eso, sino que además, nos han llenado de basura virtual sin ningún tipo de valor constructivo, claro, con las debidas excepciones del caso (canales educativos, redes colaborativas de aprendizaje, entre otras).

En la actualidad, los medios de comunicación tradicionales están perdiendo la batalla frente a estos sistemas, el consumo de la industria cultural a través de internet, está en un vertiginoso ascenso, que ha dejado de ser un proceso meramente económico para convertirse en un proceso cultural, que surgió a partir del desarrollo del capitalismo y el incremento de la producción y el consumo en las sociedades modernas. Por lo tanto, en la actualidad no es importante qué consumen las personas, sino la forma en la que consumen, porque involucra varios factores como los conocimientos, las creencias, el arte, la moral, las leyes y las costumbres arraigadas.

Vivimos en una sociedad de consumo desmesurado donde las masas son manipuladas por las grandes industrias del ocio y el entretenimiento. Las personas somos vistas por estas como números que son representados en tableros digitales de alguna compañía de marketing, y nuestros colores en esa pantalla serán verdes o rojos, con líneas que crecen y descienden, de acuerdo a nuestros hábitos de consumo.

Les invito a que apaguen sus celulares y que se desconecten, seamos consumidores responsables, no permitamos que las industrias nos sigan manipulando, cambiemos el juego, y seamos generadores de conciencia, de material intelectual y que permita un replanteamiento del uso de Internet.

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